Mireia Angulo
Sobre mí
Recorrido Vital
Cuando pienso en mi recorrido vital me doy cuenta de que no ha transcurrido siempre por una línea recta.
Por definición, el camino más corto para ir de A a B es una línea recta, ¿no? Pero nadie dijo que fuera el mejor o el más enriquecedor. Por suerte, la voz de la intuición ha resonado siempre muy fuerte dentro de mí. De su mano, he viajado y descubierto motivaciones, rincones preciosos y bellos, llenos de estímulos y aprendizajes. La motivación y mi intuición han sido mis brújulas, han sido como gotas de agua que a su paso han despertado, alimentado y potenciado el crecimiento de habilidades y aptitudes que hacen, hoy en día, la mujer emprendedora que soy. Llena de colores y luz.

Intuición, caídas y viento en popa ¡a toda vela!
Durante mis años de adolescencia me formé en dibujo, música, canto… todo apuntaba a mi vena artística ¿a que sí? pues elegí la rama de ciencias de la salud para cursar el bachillerato. Sí, sí, tal como lo leéis. Durante la ESO me encantaban los polinomios y por eso decidí lo que decidí.
¡Alea jacta est…
…con un muro me topé!
No se cumplieron mis expectativas. Cuando las matemáticas y la física me dejaban tiempo libre, lo dedicaba a dibujar en carboncillo rostros y bodegones. Digo cuando me dejaban porque superar esas asignaturas me costó muchas horas de profesores particulares, sufrimiento, inseguridades y lloros. Empecé a dudar de mis capacidades y de mis metas en la vida, pero a pesar de ello, perseveré. Cuando terminé el bachillerato y la selectividad decidí romper con todo. Sentía que no encajaba con nada.
¿Adivinad qué apareció en mi vida?
¡La lengua! Pero no cualquier lengua, una de las más bonitas y sorprendentes: lengua de signos. Debo reconocer que fue un flechazo a primera vista; aun hoy en día, sigo enamorada de ella.
En el año 2005, terminé los estudios de interpretación y guía-interpretación de la lengua de signos. Por primera vez en mi vida, disfruté estudiando. Me empoderó. Le dedicaba horas y el tiempo volaba sin darme cuenta. Decidí que pasara lo que pasase, debía luchar por mantener la llama de la motivación y perseguir los sueños que nos hacen vibrar. La lengua de signos debía de ser una constante en mi vida, si quería ser feliz.
Así ha sido, nunca me ha dejado, ni la he dejado.
A los 20 años decidí independizarme y matricularme en la universidad para cursar magisterio de educación especial.
Quería usar la lengua de signos como recurso educativo. Utilizar otros canales de comunicación para estimular y transmitir información. Debo confesaros que no fueron unos años tan bonitos como me imaginé.
Todo empezó a tambalearse en el segundo año de carrera ¿Os suena el plan Bolonia? Justo se instauraba y me pareció vivir una caza de brujas. ¿El objetivo? Los estudiantes que trabajábamos y estudiábamos. Según toda una eminencia en didáctica de la educación “a los que estudiábamos y trabajábamos se nos había acabado el chollo”. No supe enfrentarme a ello, ni entendí que “de manzanas podridas” hay en todas partes y que no por ello la cosecha está perdida.
Sea como fuere, ese profesor simbolizó TODO el sistema educativo y decidí que no valía la pena luchar por querer estar en un sector en el que no se me apreciaba o valoraba.
——————————————————— Vida 1- Mireia 0 —————————————————— Perdí la jugada. Pero de todo se aprende.
Después de eso, me metí de lleno en la fotografía. Del 2007 al 2010 estudié en el Instituto de Estudios Fotográficos de Catalunya (IEFC). Esos años fueron un bálsamo que curó mis heridas, el arte y la creatividad volvían a salvarme. Una vez recuperada, me vi con fuerzas para volverlo a intentar. Mis estudios en magisterio ya formaban parte de un plan antiguo y volver a retomarlos implicaba una serie de gestiones burocráticas que se me hicieron un mundo. De modo que intenté llegar a la educación por otra rama. Me matriculé en el Grado de lenguas aplicadas de la UPF. Mis dos lenguas extranjeras fueron la lengua de signos y el inglés; mis especialidades: lenguas y educación, lenguas y sociedad e interpretación. Me gradué en 2014 y empecé a trabajar para la Fundación Once Atención a Personas Sordociegas, además me abrió las puertas al máster en Educación Especial (UNIR 2020).
Un buen rodeo, ¿verdad?
Cuando los sueños se cumplen… en plena floración
— No sabes lo que dices, hija. En la ciudad lo tienes todo. Cuando seas mayor lo entenderás.”
No tenía más de 8 años cuando le dije eso a mi madre, siempre he soñado con poder salir de la ciudad para vivir en un pueblo. Ese fue uno de los primeros y el principal motor para emprender.
Durante la pasada década trabajé en el ámbito de la educación especial, especializándome en comunicación y en la elaboración de material didáctico. Me encantaba mi trabajo, pero mis sueños seguían ahí, además mi intuición me decía que era importante aunar mis tres grandes pasiones: el crear con las manos, la educación y el ayudar a la gente. Por ello, el pasado 2019 decidí emprender creando materiales didácticos personalizados con fieltro.
- El respeto del tiempo de aprendizaje de cada uno
- La comprensión
- El reconocimiento
- La motivación
- El poner en valor
- El aprender haciendo
- El empoderamiento
- La diversión
- La inclusión
- La sensibilización
- El tiempo en familia.
Mi meta: poder salir de la ciudad para vivir en un pueblo y reconciliarme con esa niña de 8 años.
